TEXTOS LITERARIOS COMENTADOS
Texto Nº 01:
“MADAME BOVARY”
Es la historia de un adulterio. Emma Bovary es, en esencia, una mujer adúltera, pero es un personaje con muchas esquinas, muchos recovecos. La obra maestra de Flaubert, Madame Bovary, nos cuenta la historia de una mujer, perteneciente a la burguesía del siglo XIX, que se casa con un médico sin vocación. Lo que en principio podría parecer un matrimonio feliz pronto empieza a torcerse. La romántica Emma comienza a obsesionarse con el hecho de que su vida conyugal no es todo lo buena que debería. Es entonces cuando le ronda la idea del adulterio. Este argumento, habitual en las novelas de ahora, constituyó todo un escándalo en 1857, cuando se publicó la obra. Por abordar estos temas tabúes con naturalidad, Flaubert fue mal considerado en su época, hasta el punto de ser juzgado por escándalo, proceso del que finalmente saldría absuelto.
Pero, polémicas aparte, lo cierto es que Madame Bovary refleja como pocas novelas las costumbres de una burguesía anodina, “de provincias”, en palabras de Flaubert. Analiza hasta el extremo cada personaje, sus obsesiones y sus pensamientos, empleando para ello un cuidado lenguaje y un detallismo patológico.
Flaubert tuvo un gran amor en su vida: Louise Colet, una poetisa 11 años mayor que él. Entre 1846 y 1855 el escritor le escribió centenares de cartas amorosas, en las que no descuidó ni un ápice su estilo. Cuando su musa falleció, en 1876, Flaubert se sumió en una desesperación que empeoró su estado de salud, aquejado desde pequeño por una enfermedad nerviosa.
Emma Bovary es uno de los personajes más aclamados por la crítica universal. En una ocasión, preguntado Flaubert por cómo había logrado la minuciosidad de este personaje, respondió: “Madame Bovary soy yo”.
Madame Bovary ha sido adaptada al cine en varias ocasiones. El director Jean Renoir la llevó a la gran pantalla en 1933. Recientemente, el francés Claude Chabrol adaptó la historia al cine, encarnando Isabelle Huppert el papel de Emma Bovary.
Basado en el adulterio de la esposa de un jóven médico de provincias, describe la sórdida corrupción del alma de un mujer, quien busca en la realidad un amor que colme sus frívolos deseos, nacidos de la lectura de diversas novelas románticas de la época. Emma Bovary, con la imaginación repleta de románticas ilusiones sobre el amor y la pasión, se topa con la realidad de un insípido matrimonio que la ahoga, y busca las sensaciones sobre las que ha leído en los libros, a través de una serie de aventuras amorosas, que ella desea ver como grandes pasiones, pero que no son en realidad más interesantes que su vida matrimonial.
Madame Bovary, subtitulada Costumbres provincianas, es, en apariencia, una convencional historia de adulterio, pero logra convertirse en un profundo análisis de la humanidad y, en concreto, un ataque a la monotonía y a las desilusiones de la vida burguesa.
Género plenamente realista, se complementa con las objetivas descripciones de la pequeña burguesía francesa, los ínfimos detalles de la vida cotidiana, y la prodigiosa penetración psicológica de los personajes.
La acción de la novela transcurre lentamente, a pesar de lo cual logra mantener en todo momento acaparada la atención del lector. Contando con una extensión muy adecuada y un lenguaje claro y de absoluta maestría literaria, resulta agradable y de fácil comprensión, aun para un lector reticente.
La maravillosa descripción de la psicología de los personajes es otro de los poderosos elementos que conforman este libro: Emma Bovary, entregada a una existencia vacía, necia y profundamente egoísta, contrasta violentamente con su esposo Charles, poseedor de un carácter aburrido y sin relieves, aunque profundamente noble y humilde.
Así, con numerosos elementos a favor, Madame Bovary puede considerarse como un joya de la literatura francesa, como una poética imagen de un estilo y un tiempo.
Madame Bovary fue publicada por primera vez en 1857 e inmediatamente después de su lanzamiento el autor hubo de enfrentarse muy pronto a un importante proceso legal. Tanto él como el editor fueron acusados por la inmoralidad de la novela. A pesar de haber sido absueltos, el escándalo empañó el lanzamiento del libro, y no fue hasta más tarde cuando fue reconocida como una de las obras maestras de la literatura francesa.
Madre Coraje también continua viviendo por la subsistencia.
Un hecho epico es la que condiciona esta obra, Madre Coraje es considerada la obra cumbre de la madurez se engarzan en ella muy ocultas perlas de un romanticismo sabio y sublimado.
GUSTAVE FLAUBERT.
TRABAJO ENCARGADO
1. Mencione los personajes del texto leído.
2. Redacte un argumento del comentario leído en 15 renglones.
3. Represente mediante un dibujo el escenario y los personajes.
4. Encuentre 5 palabras desconocidas y escriba el significado de cada una de ellas.
5. Pregunta libre (Plantea una pregunta del texto leído y responda).
Texto Nº 02
“MADRE CORAJE”
Comentario:
La teoria mas famosa de Brecht es la de la distanciación, el teatro épico, crítico de la realidad social y sacudidor de la conciencia del espectador, que debía reemplazar al aristotélico, imitador de la Naturaleza, que sume al público en la ilusión, ahoga su razón en la emoción, y lo lleva a confundir el espejismo que es el arte con la vida real. Para cumplir su labor pedagógica, instruir a los espectadores en la verdad e incitarlos a actuar, el teatro -el arte- debía ser concebido de modo que alertara sobre su propia condición hechiza, artificial- e hiciera visible la frontera que lo separa de lo vivido. Esta idea, que hubieran suscrito sin vacilar los teólogos vaticanos partidarios del arte edificante -en su caso, las verdades que el arte debía hacer patentes no eran la lucha de clases como motor de la historia y la revolución proletaria que acabaría con la sociedad burguesa, sino las consecuencias del pecado original y el misterio de la transubstanciación, se hubiera evaporado sin pena ni gloria si, a la hora de ponerla en práctica, el talento de Brecht no hubiera sido capaz de perpetrar aquella operación fraudulenta que, según su teoría, el arte debía evitar mediante la distanciación: hacer pasar gato por liebre, la ilusión fabricada por la realidad vivida, algo que han hecho y seguirán haciendo todos los verdaderos creadores mientras el arte no sea sustituido del todo por la realidad virtual.
Bertolt Brecht, quiso ser no sólo un buen escribidor, sino, también, un director de conciencia, un dómine en cuestiones morales y políticas, un profesor de idealismo. Para eso es indispensable, además de una pluma sutil y una imaginación fulgurante, una conducta coherente. Es decir, predicar con el ejemplo.
Sin embargo, en una de sus composiciones mas famosas, la que le produjo el exilio (“Madre coraje”) Brecht se expresa con demasiada fuerza poética y humana como para impedir que el espectador se olvide de sus sentimientos. Es en estas obras, y en casi todas las que conforman su última etapa en las que llega a conjugar una maravillosa unión de entretenimiento, doctrina y emoción, encumbrando la estética marxista más allá de su fondo ideológico.
Su principio es una suerte de dialéctica viva que establece relaciones armónicas entre la forma y el contenido, la subjetividad creadora y la objetividad social en una serie de piezas con las que el dramaturgo parece independizarse de las trabas doctrinarias y levantar vuelo. Así como el fundamento de la estética marxista está en el devenir, la dialéctica de Brecht se proyecta hacia lo imprevisto, lo inacabado, lo simbólico que cada espectador deberá descubrir.
Brecht consideraba esta técnica de alienación, la -distanciación-, como esencial para el proceso de aprendizaje del público, dado que eso reducía su respuesta emocional y, por el contrario, le obligaba a pensar. Ejemplos que incluye en su obra Madre Coraje, La toma de medidas, La excepción y la regla, El que dice sí y el que dice no, es la expresión más radical del propósito socialista de Brecht.
A través de estos valores espirituales los de abajo acaban por poner en cuestión las victorias que han logrado en el pasado los que dominan. El coraje, el humor, la astucia y el denuedo traen a la memoria también la actitud y el comportamiento de los personajes de las obras de Bertolt Brecht: el coraje de la madre, el humor de los personajes que discuten en los diálogos de fugitivos… Son valores y actitudes que, al manifestarse, “actuan retroactivamente en la lejanía de los tiempos”. Hay ahí una alusión al viejo himno del partido socialdemócrata alemán (“Hermanos, hacia el sol, hacia la libertad”).
A causa de su oposición al gobierno de Hitler, Brecht se vio forzado a huir de Alemania en 1933, viviendo primero en Escandinavia y estableciéndose finalmente en California en 1941. Fue durante esos años de exilio cuando produjo algunas de sus mejores obras, como Madre Coraje y sus hijos (1941), que consolidaron su reputación como importante dramaturgo. Brecht se consideraba a sí mismo un hombre de teatro que se había liberado de las tendencias del teatro expresionista para experimentar con nuevas formas. Quería mostrar que ese cambio no sólo era posible sino que era necesario. Su versátil empleo de la lengua y de las formas poéticas -lenguaje clásico mezclado con el habla del hombre de la calle, versos libres e irregulares- lo dirigió a sacudir la conciencia del público y a llevarlo de una pasividad acrítica a la reflexión y, esperanzadamente, a la acción. En 1948, Brecht volvió a Alemania, se estableció en Berlín Este y fundó su propia compañía teatral, el Berliner Ensemble. Fue una figura controvertida en la Europa del Este, ya que su pesimismo moral chocaba con el ideal soviético del socialismo realista. A lo largo de su vida escribió también varias colecciones de poemas, que, con sus obras de teatro, lo sitúan entre los más grandes autores alemanes. Murió el 14 de agosto de 1956 en Berlín.
Se consolida dentro de la linea argumental de “Madre Coraje y sus hijos”, toda las peripecias y miserias de quienes se ven envueltos directa o indirectamente en los hechos de la guerra. Historia basada principalmente en la crónica de la guerra de los treinta años (1618 – 1648), entre católicos y protestantes, estrenada en 1937 para denunciar los preparativos belicos del nazismo, Madre Coraje va de un campo de batalla a otro empujando su pesada carreta para obtener sustento para sus hijos, sufriendo una serie de maltratos. Sus hijos se enrolan al ejercito, solo su hija Catalina la sigue, en el transcurso de la guerra uno a uno sus hijops van muriendo, como también Ctalina muere acribillada por los soldados luego de un acto heroico. La guerra continua y sublimado.
BERTOLT BRECHT.
TRABAJO ENCARGADO
5. Mencione los personajes del texto leído.
6. Redacte un argumento del comentario leído en 15 renglones.
7. Represente mediante un dibujo el escenario y los personajes.
8. Encuentre 5 palabras desconocidas y escriba el significado de cada una de ellas.
5. Pregunta libre (Plantea una pregunta del texto leído y responda).
Texto Nº 03:
“EL VIEJO Y EL MAR”
Comentario:
Santiago, un anciano pescador, se hace a la mar para ver si tiene más suerte que en los ochenta y cinco días anteriores en los que no ha logrado pescar nada. Un gran pez muerde el anzuelo y el pescador se deja llevar por él mar adentro. Muerto el pez, Santiago lo amarra a lo largo del bote y navega hacia el puerto. En sucesivas bandadas, los tiburones van comiendo el pez a dentelladas, hasta dejar descarnado el esqueleto. El viejo pescador regresa, desilusionado, a puerto. Su joven amigo, Manolín, lo encuentra durmiendo en su choza y lo rodea de cuidados.
Una persona mayor, cargada de experiencia, se siente fracasada profesionalmente, se esfuerza por salir adelante y, cuando cree tener el éxito en la mano, ve que una agresión externa le derrumba toda su ilusión. Ante este drama puede reaccionar de modos diversos. Pero lo hace de forma muy positiva por no haber adoptado en la vida una actitud posesiva ante los seres del entorno, sino respetuosa y dialógica, y ser sensible a la amistad. La amistad con un joven menesteroso sumamente amable le da ánimo para seguir viviendo con paz interior.
Pocos autores entrelazaron su vida y su obra de forma tan estrecha y fecunda como Ernest Hemingway.
Acosado por la crítica después de la mediocre novela Más allá del río y entre los árboles, pocos auguraban que Hemingway renacería de su aparente decadencia con El viejo y el mar, ejemplo de concisión literaria y obra ya clásica sobre el coraje y el valor que quizá le haya valido el Premio Nobel y la posteridad.
La historia de El viejo y el mar (1952) parece muy sencilla: un anciano pescador, que ha estado 84 días sin pescar, captura, luego de una titánica lucha de dos días y medio, un gigantesco pez al que ata a su pequeño bote, sólo para perderlo al día siguiente, en otro combate no menos heroico, en las mandíbulas de los voraces tiburones del mar Caribe. Esta es una situación clásica en las ficciones de Hemingway: la aventura de un hombre que se enfrenta, en combate sin cuartel, a un implacable adversario, liza gracias a la cual, sea derrotado o victorioso, alcanza una más alta valencia de orgullo y dignidad, un mayor coeficiente humano. Pero en ninguna de sus novelas o cuentos anteriores este tema recurrente de su obra se materializó con la perfección que alcanzó en este relato, escrito en Cuba en 1951, en un estilo diáfano, con una estructura impecable y tanta riqueza de alusiones y significados como la de sus mejores novelas de aliento. Por él obtuvo el Pulitzer Prize, en 1953, y el Premio Nobel en 1954.
La claridad y limpieza de El viejo y el mar son engañosas, como las de ciertas parábolas bíblicas o leyendas artúricas, que, debajo de su sencillez, esconden complejas alegorías religiosas y éticas, interpretaciones históricas, sutilezas psicológicas o postulados trascendentes. Sin dejar de ser una hermosa y conmovedora ficción, este relato es también una representación de la condición humana, según la visión que de ella postulaba Hemingway. Y, en algún modo, constituyó para su autor una resurrección. Fue escrito después de uno de los peores fracasos de su carrera literaria.
El viejo y el mar fue el canto del cisne de un gran escritor que declinaba, y que, gracias a esta soberbia historia, volvió a serlo, al escribir el que, con el paso del tiempo, se va delineando, pese a su brevedad, como el más imperecedero de sus libros. El viejo y el mar ha franqueado sin una arruga el escollo del tiempo y conserva intacta su seducción artística y su poderoso simbolismo de mito moderno.
Es imposible no imaginar en la odisea del solitario Santiago contra la gigantesca aguja y los despiadados tiburones, a lo largo del Gulf Stream, en el litoral de Cuba, una proyección de la lucha que había empezado a librar el propio Hemingway en aquellos años contra enemigos ya instalados en su ser, que, socavando primero su lucidez intelectual, y luego su organismo, lo llevarían en 1961, ya impotente, sin memoria y sin ánimo, a volarse la cabeza con una de esas armas que tanto amaba y con la que había quitado la vida a tantos animales.
Pero lo que da su extraordinario horizonte a la aventura del pescador cubano en aquellas aguas tropicales, es que, a manera de ósmosis, el lector percibe en el enfrentamiento del viejo Santiago contra los silentes enemigos que terminarán por derrotarlo, una descripción de algo más constante y universal, el desafío permanente que es la vida para los seres humanos, y esta enseñanza espartana: que, enfrentándose a estas pruebas con la valentía y la dignidad del pescador del cuento, el hombre puede alcanzar una grandeza moral, una justificación para su existencia, aunque termine derrotado. Esa es la razón por la que las penalidades de Santiago, al regresar al pueblito de pescadores donde vive (Cojímar, aunque el nombre no figure en el texto) con el esqueleto inservible de la aguja devorada por los tiburones, exhausto y con sus manos ensangrentadas, no nos parece un ser vencido, sino, por el contrario, alguien que, en la experiencia que acaba de protagonizar, se agigantó moralmente y se superó a sí mismo, trascendiendo las limitaciones físicas y psíquicas del común de los mortales. Su historia es triste pero no pesimista; por el contrario, nos muestra que siempre hay esperanza, que, aun en las peores tribulaciones y reveses, la conducta de un hombre puede mudar la derrota en victoria, y dar sentido a su vida. Santiago, al día siguiente de su retorno, es más respetable y digno de lo que era antes de zarpar, y eso es lo que hace llorar al niño Manolín, la admiración por el anciano inquebrantable, más todavía que el cariño y la piedad que siente por el hombre que le enseñó a pescar. Este es el sentido de la famosa frase, que Santiago se dice a sí mismo en medio del océano, y que ha pasado a ser la divisa antropológica de Hemingway: “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. No todos los hombres, se entiende: sólo aquellos que, como el pescador, están dotados de la virtud emblemática del héroe hemingwayano: el coraje.
A esta noble estirpe de valientes pertenece el Santiago de El viejo y el mar. Es un hombre muy humilde, muy pobre —vive en una choza misérrima y se abriga en la cama con periódicos— y muy anciano, del que se burlan en la aldea. Y, además, un solitario, pues perdió a su mujer hace muchos años, y su única compañía, desde entonces, son sus recuerdos de aquellos leones que vio pasearse en las noches por las playas africanas desde el barco tortuguero en el que trabajaba, de ciertas estrellas del béisbol norteamericano como Joe Di Maggio, y Manolín, el niño que lo acompañaba a pescar y que, ahora, por imposición de sus padres, ayuda a otro pescador. Pescar no es en él, como lo era para Hemingway y muchos de sus personajes, un deporte, una diversión, una manera de ganar premios o poner a prueba su destreza o su fuerza enfrentándose a los habitantes del mar, sino una necesidad vital, un oficio que —a duras penas y a costa de grandes esfuerzos— lo salva de morirse de hambre. Este contexto humaniza extraordinariamente el combate de Santiago con el gigantesco marlin y, también, la modestia y naturalidad con que el viejo pescador consuma su hazaña: sin la menor jactancia, sin sentirse un héroe, como un hombre que simplemente cumple con su deber.
Hay muchas versiones sobre las fuentes de esta historia. Según Norberto Fuentes, que ha documentado con prolijidad todos los años que Hemingway pasó en Cuba, Gregorio Fuentes, que fue por muchos años el patrón del barco de Hemingway, El Pilar, se jactaba de haberle proporcionado el material para el relato. Ambos habrían presenciado una lucha así, a fines de los años cuarenta, a la altura del puerto de Cabañas, entre un gran pez y un viejo pescador mallorquín. Sin embargo, Fuentes señala también que, según algunos pescadores de Cojímar, aquella historia le ocurrió a Carlos Gutiérrez, el primer patrón de lancha de Hemingway, en tanto que otros la atribuyen a un tal Anselmo Hernández, vecino del lugar a quien aquél conoció. Pero Carlos Baker, en su biografía de Hemingway, precisa que la anécdota central de la historia —la lucha del viejo pescador con un gran pez— ya aparece esbozada, en abril de 1936, en una crónica publicada por Hemingway en la revista Esquire. En la ambientación de la historia, Hemingway se sirvió de su experiencia: su pasión por la pesca y su larga familiaridad con el pueblo y los pescadores de Cojímar: la fábrica, la bodega de Perico, La Terraza donde los vecinos beben y charlan. El texto transpira el cariño y la identificación de Hemingway con el paisaje marino y las gentes de la mar de la isla de Cuba, a los que El viejo y el mar rinde un soberbio homenaje.
El relato lo consigue gracias a la maestría con que está escrito y construido. El narrador omnisciente narra desde muy cerca del protagonista, pero, a menudo, cediéndole la voz, desapareciendo detrás de los pensamientos, exclamaciones o monólogos con que Santiago se distrae de la monotonía o la angustia mientras espera que el invisible pez que arrastra su barca se fatigue, salga a la superficie y le permita rematarlo. El poder de persuasión del narrador es absoluto, cuando toma distancia para describir objetivamente lo que ocurre o cuando hace que el propio Santiago lo releve en esta tarea, por la coherencia y la sencillez de su lenguaje, que, en efecto, parece —sólo parece, claro está— el de un hombre tan simple y limitado intelectualmente como el viejo pescador, y por el prodigioso conocimiento de que hace gala de todos los secretos de la navegación y de la pesca en las aguas del Golfo, algo que encaja como un guante en la personalidad de Santiago. Este conocimiento explica los prodigios de destreza de que es capaz de valerse en su lucha con el pez, quien en esta historia representa la fuerza, derrotada por el ingenio y el arte marineros del anciano.
El tema profundo del relato era “la piedad” y ahí, sin duda, dio en el blanco. En esta conmovedora historia el sentimentalismo brilla por su ausencia, todo ocurre con una espartana sobriedad en la pequeña barca de Santiago y en las profundidades por las que se desplaza el pez. Y, sin embargo, desde la primera hasta la última línea del relato, una subterránea calidez y delicadeza va impregnando todo lo que ocurre y aparece en él, hasta alcanzar su clímax en los momentos finales, cuando, a punto de desplomarse de fatiga y dolor, el viejo Santiago arrastra el mástil de su barca hacia su cabaña, tropezando y cayendo, por la aldea dormida. Lo que el lector siente en ese momento es difícil de describir, como ocurre siempre con los misteriosos mensajes que se desprenden de las obras maestras. Acaso “piedad”, “compasión”, “humanidad”, sean las palabras que más se le acerquen.
ERNEST HEMINGWAY.
me parece muy bien que alguien ame.